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Reforma educacional para la educación inicial

Patricia Lamig, directora de la Escuela de Educación Parvularia, UC Silva Henríquez
Patricia Lamig, directora de la Escuela de Educación Parvularia, UC Silva Henríquez

Las académicas de la Escuela de Educación Parvularia exponen su análisis sobre la formación inicial de los docentes.

20/07/2015

Los paradigmas fundantes de la Educación Parvularia establecidos por Comenio, Pestalozzi, Froebel, Owen, Montessori, las hermanas Agazzi, y Decroly, por mencionar algunos de los principales autores que los instituyeron, son universalmente reconocidos por su riqueza conceptual y gran validez práctica debido a que surgen históricamente a partir de la constitución misma de una pedagogía moderna, centrada en el niño como sujeto integral y constructor de sus aprendizajes. 

En nuestro país en tanto, la ocupación por el cuidado y educación en los niños y niñas pequeños, se remonta a los pueblos que habitaban antiguamente en nuestro territorio. Mucho tiempo después se empieza construir la historia de la Educación Parvularia formal en Chile. Sus inicios, se remontan a principios del siglo pasado, en 1906, con la creación de los primeros Jardines Infantiles. (Peralta, V. 2004)

Tras una larga historia en que la Educación Parvularia chilena va evolucionando hasta posicionarse como un modelo en América Latina (el primer país en considerar la formación de Educadoras de Párvulos con carácter universitario) a mediados de los años 90, inicia una reforma curricular tendiente a ofrecer un Marco Legal integrado, lo que culmina con la elaboración de las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, aprobado por el Decreto Nº 289, en octubre del 2001, donde su implementación, estaría centrada básicamente en ocho hitos fundamentales: la legitimación de la propuesta curricular, el carácter procesual y relevante que deben tener las transformaciones significativas, su enfoque sistémico, la generación de cambios planificados, que progresan en sus niveles de complejidad, la implementación de procesos que ayuden a sistematizar, remirar y repensar las prácticas educativas, la importancia de una instalación basada en la confianza de las personas y la convocatoria a comunidades emprendedoras para impulsar los cambios.

Este hecho marca un hito en este nivel educativo, proporcionando durante este tiempo orientaciones curriculares  para los diversos niveles del Sector. Actualmente, se puede decir que este Marco  Curricular se encuentra totalmente consolidado, sin embargo para los contextos de hoy, se hace imprescindible dar un salto cualitativo que conduzca a la Educación Parvularia a los desafíos de una Sociedad de mayor complejidad, en la cual los niños y las niñas presentan características muy diferentes en términos de su desarrollo y necesidades de aprendizajes.

El actual gobierno se encuentra dando un sustantivo impulso a este Nivel, “aumentaremos la cobertura incorporando aproximadamente 90 mil niños y niñas en el tramo de 0 a 2 años, con la construcción de 4.500 nuevas salas cuna. En el caso de la población de 2 a 4 años incorporaremos aproximadamente 34.000 niños y niñas (lo que implica 1.200 nuevas salas en Jardines Infantiles). […] Pondremos el acento en la capacitación de Educadoras y Educadores, pues el Estado debe velar por la calidad en la formación de profesionales y técnicos que se desempeñan en este nivel educacional. Para ello se implementará una acreditación más exigente de las carreras respectivas y se desarrollarán programas de apoyo para su fortalecimiento” (Bachelet, M. 2014)

Estos nuevos desafíos llevan inevitablemente a la pregunta por la calidad en la Formación Inicial Docente. Responder qué es calidad en la formación, implica tomar en cuenta muchos factores, como por ejemplo, el estudio realizado por Rojas, M.T., Gorichon, S., Falabella, A., Lee, M. (2008). Como propuestas de mejoramiento para la formación de profesionales de Educación Parvularia, es posible extraer de sus conclusiones que:  

-Oferta heterogénea en la formación de los Educadores de párvulos, careciendo de una propuesta curricular básica consensuada con un núcleo central de temas o disciplinas que estén en la base de las diversas propuestas de formación. Así como, también, en lo relativo a las condiciones administrativas y de gestión de las instituciones que imparten la carrera. 

-Mallas curriculares con tendencia a la rigidez, centradas principalmente en las competencias específicas y prácticas de la profesión, con menor presencia de saberes teóricos y competencias generales que apunten a una formación más integral e interdisciplinaria.

-Se observó en la mayoría de los casos, aunque con excepciones, condiciones precarias de gestión y organización institucional, sumado a un bajo porcentaje de profesores de planta.

-Existencia de una escasa producción de investigación en educación infantil y generalmente un bajo nivel de especialización académica de los docentes (Falabella, Rojas, 2008, p. 162).

-Se apreció que la oferta curricular posee bastante dispersión y que abundan las mallas que no contienen líneas curriculares claras ni que incorporan las temáticas más actuales de la formación (Rojas, Gorichon, Falabella, Lee, 2008, p.1).

-Además, se constató que las directoras de carrera aprecian que la debilidad fundamental de la oferta curricular radica en el perfil de ingreso de las alumnas, pues éstas poseen carencias culturales y cognitivas muy importantes. (Rojas, Gorichon, Falabella, Lee, 2008, p.1)

Por otro lado, es posible agregar variables que inciden aún más en la tarea formativa de estos profesionales, a saber: Bajos puntajes de PSU en postulantes, escasa valoración del rol profesional y baja remuneración; de lo que es posible inferir una baja motivación por estudiar la carrera.

En este marco se ha intentado responder a la pregunta inicial y se pueden plantear como aspectos importantes de ser abordadas para mejorar la calidad de estos procesos en la Formación Inicial Docente.

Una Educadora de Párvulos formada bajo los criterios de calidad requeridos,  para responder a los desafíos planteados en estos nuevos tiempos y por la Reforma de la Educación; debe ser capaz de:

-Manejarse en un conocimiento diverso y profundo de las disciplinas o áreas del saber y la cultura. Este manejo disciplinar es el que le permitirá utilizar una variedad de estrategias para comunicar y acercar el conocimiento a los niños y niñas; comprender y actuar con discernimiento respecto a la innovación y al cambio, así como aplicar criterios de relevancia, integralidad, participación y contextualización respecto de los contenidos de la educación. (Peralta 2002).

-Lograr un conocimiento pedagógico profundo consistente en el saber y herramientas necesarias para la enseñanza de los contenidos de las disciplinas, los valores y las actitudes, en diversidad de contextos y requerimientos. El saber pedagógico incluye criterios y técnicas de evaluación, resolución de conflictos, manejo de tecnologías de la información (TIC) y conocimiento sobre los distintos tipos de aprendizaje.

-Contextualizar su quehacer, reconociendo debilidades y fortalezas en el contexto en el que se desempeña.

-Establecer y promover interacciones que proporcionan apoyo emocional y pedagógico a los niños y niñas, y generar un ambiente pedagógico, enriquecido y organizado para apoyar el desarrollo del niños/as y la construcción de aprendizajes relevantes y significativos.

-Ser reflexiva y tener capacidad de autocrítica, con buena disposición a identificar errores, a reconocer sus fortalezas; a buscar soluciones, indagar, para una mejora  constante de su tarea formativa con los distintos agentes del proceso educativo.

-Trabajar en equipo. Para ello requiere formarse en competencias que le permitan desarrollarlo, tener capacidad de escucha, de disentir constructivamente para aportar al trabajo conjunto. Deberá estar dispuesta/o a compartir sus aprendizajes con otras/as profesionales, agentes educativas y también a aprender de los demás, estableciendo relaciones significativas de colaboración entre pares y con otros actores de la comunidad educativa. (Bellei et al., 2014; Bryk, Bender-Sebring, Allensworth, Luppescu, & Easton, 2010).

-Manejarse en una ética del bien común, del amor, en una cultura para la paz.

-Vincularse con el entorno con una actitud de valoración y respeto por el medio ambiente y su entorno cultural y geográfico.

-Manifestar compromiso social con la pobreza y con los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Deben ser promotoras/es activas/os de los Derechos Humanos y en particular de los Derechos de las niñas y niños.

-Formar un/a profesional que, entre otros aspectos sea capaz de tomar decisiones con fundamentos teóricos de acuerdo con cada contexto particular; que tenga expertiz relativa a los procesos de desarrollo y aprendizaje infantil con grupos de niños diversos (social, cultural y cognitivamente), como también competencias en cuanto al uso didáctico de tecnologías de la información y comunicación y al trabajo comunitario e intersectorial.

Por último, destacar que la Educación Parvularia, no sólo en nuestro país, tiene actualmente grandes desafíos. Se aborda sobre este tema en el informe “Derechos desde el principio. Atención y educación en la primera infancia” (Unesco (2012):

“La educación en la primera infancia forma parte del derecho a la educación, que se garantiza universal­mente en los instrumentos del derecho internacional de los derechos humanos.

Esos instrumentos tienen al menos dos elementos en común: el primero, que tácita o expresamente reco­nocen que el aprendizaje empieza con el nacimiento; y el segundo, que la atención y la educación en la primera infancia no son temas distintos e inconexos”.

Y continúa en relación al cuerpo docente… 

“Los gobiernos deben garantizar niveles educativos superiores para los docentes en la primera infancia y que las calificaciones de los profesionales dedicados a la educación y cuidados en la primera infancia estén a la par con las de los docentes de la escuela primaria y niveles superiores.

Para concluir, se asume como propio, otro planteamiento que el mismo texto señala: “Actualizar y mejorar el currículo y la pedagogía para que sintonicen con la infancia de hoy, dando valor al juego, al cariño, a la cooperación, al talento y a la creatividad; así como fomentar la autoestima y los métodos activos que tienen en cuenta los puntos de vista de los niños.”

Esto es hoy es un imperativo y una deuda con los niños y niñas de Chile y al parecer llegó la hora de saldarla.

 

 

Equipo académico Escuela de  Educación Parvularia

Universidad Católica Silva Henríquez