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Sociólogo asegura que la conmemoración de los 40 años del golpe ha tenido un impacto positivo en los chilenos

El académico de la UCSH, Justino Gómez, admite que a pesar de que se han fortalecido los espacios de análisis, diálogo y confrontación de ideas en los medios, “aún faltan foros sobre los temas pendientes”.

10/09/2013

Cuando se evocan las cuatro décadas desde el derrocamiento del presidente socialista de la época, Salvador Allende; el sociólogo de la Universidad Católica Silva Henríquez, Justino Gómez, realiza un balance respecto al impacto que esto causa en la sociedad chilena.

¿De qué manera impacta en la gente el haber cumplido 40 años desde el Golpe Militar?

El recuerdo de los 40 años ha tenido un impacto muy positivo en la gente, porque nos ha permitido encontrarnos con nosotros mismos y con nuestra historia compleja y no resuelta  en la medida  que no está construida la narración que nos identifica a todos.  No está escrita ni contada toda la verdad.  Esa verdad nos hará una sociedad más tranquila después que se arme.

Está siendo positiva la conmemoración porque fortalece la dimensión ciudadana de nuestra sociedad y de nuestra gente, esa dimensión que es más política, que es más responsable de la historia pasada y del futuro por construir.    

De todas formas, creo que en esta conmemoración han tomado un protagonismo excesivo los reportajes televisivos, en desmedro de espacios de análisis, diálogo y confrontación de ideas, no sólo respecto al pasado, sino que también sobre los aprendizajes para la construcción del futuro.    Faltan buenos foros sobre nuestros temas pendientes.  

¿Somos una sociedad resentida?

Como sociedad no,  sin embargo hay grupos que efectivamente están resentidos.  Mi opinión es que las violaciones de los derechos humanos fueron legitimadas desde un resentimiento social y político muy fuerte que estaba enquistado en sectores sociales, que desde hacía décadas  veían que el país se estaba “construyendo” (para ellos destruyendo) en una perspectiva más social, más igualitaria, más inclusiva, en desmedro de sus privilegios de clase.    

Ahora bien, si analizamos la legitimación de la violencia como camino para tomarse el poder, como fueron las posturas del PS  y del MIR, a fines de los años 60 y  70-73, también se encuentra un resentimiento sociopolítico que confrontado al anterior fue el detonante de la crisis de la democracia, la cual fue carcomida por estos dos factores que polarizaron el país y sus instituciones. 

¿Pero recordamos con rabia lo sucedido?

Recuerdo con mucho dolor y tristeza los sucesos, pues el proyecto  de la Unidad Popular se truncó.  Era un proyecto que  entusiasmaba a mucha gente joven de entonces que,  aunque fue votado por algo más de un tercio de la población adulta en septiembre del 70, fue ganando adeptos  en las votaciones sucesivas , pero  la conducción  de los partidos  de la UP, exceptuando el PC,  fueron dejando al presidente Allende aislado en la Moneda.  Seguían más las consignas de sus ideologías que la realidad, no supieron  aprovechar la victoria.  

Es verdad que la oposición fue brutal y con muchos recursos de Estados Unidos, pero  hubo dirigentes políticos irresponsables con el país e incapaces de entenderse con los que no pensaban como ellos. Por su parte también hubo sectores de la DC que no fueron capaces de colaborar con Allende, después que votaron por él en el Congreso.  Es verdad que la DC no fue golpista, pero también contribuyó a crear las condiciones para el golpe. Algunos ingenuos creyeron en las promesas dela Junta Militar y fueron a entregar sus joyas.

¿Debemos dejar atrás lo sucedido  o recordarlo siempre?

En la medida que no se  escriba  en forma más colectiva la historia,  desde una mirada de  país, de sociedad democrática y respetuosa de los derechos humanos;  los porfiados y tristes hechos van a estar  dándonos vuelta.   Creo que hay mucha parte de la historia todavía oculta o reservada en los cuarteles.  Las Fuerzas Armadas no están reconciliadas con la ciudadanía,  porque no creemos lo que dicen y no podemos dejar atrás algo que no está resuelto.

 

¿Qué hechos  marcaron más a la gente?

La crueldad del golpe y de los golpistas, las arbitrariedades y abusos de los que vestidos de uniforme se creyeron con  derecho a vengarse de la gente porque querían un país más justo, porque cantaban   “Hemos dicho basta…”, “Venceremos…”, porque  estaban organizados y  creían que  los valores evangélicos se podían hacer realidad  con la participación popular.  

Pero en medio del dolor y la angustia, sin duda marcó profundamente a la gente los gestos valientes del Cardenal.   Era la voz de la esperanza. Por supuesto “la voz de los sin voz”. Era el buen pastor.

¿Cómo ven las nuevas generaciones lo sucedido?

Lo he experimentado en casa y en clases, quieren conversar de estos temas, que entreguemos nuestras versiones de los hechos y nuestra disposición clara y decidida. Pero  esperan de nosotros que hablemos no sólo del pasado,  sino del país que se está por construir.   No quieren sólo nostalgia o lamentos por el proyecto que un día quedó inconcluso, sino decisión para construir el país del futuro con mayor inclusión, mayor respeto a los derechos humanos para todos y todas las minorías.  

Justino Gómez de Benito