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Académica UCSH presentó obra en la XI edición de la Bienal de La Habana

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Ángela Ramírez, docente de la carrera de Pedagogía en Educación Artística, participó con el proyecto denominado "No hay tal lugar", instalación que se realizó a partir de la combinación de acero estructural, perfiles livianos y tensores, en uno de los edificios no restaurados del centro de La Habana Vieja.

14/08/2012

Desde el 11 de mayo al 11 de junio, se efectuó la undécima versión de la Bienal de La Habana, el tradicional foro de arte de Cuba que contó este año con intervenciones artísticas y performances callejeras. En la instancia, participaron más de 170 artistas provenientes de 43 países. 

La académica comentó que una de las curadoras de la Bienal la propuso ante el equipo del evento para desarrollar una obra para el espacio público de la Habana. "Así que comencé a trabajar en el proyecto en julio de 2011 y la obra se generó a partir de la experiencia de conocer esa ciudad y las barbacoas, que son ampliaciones de las viviendas que realiza la gente de escasos recursos para solucionar sus problemas de espacio", explicó. 

Del mismo, modo agregó que el vínculo fue la ampliación ilegal de la vivienda y la desobediencia ante la realidad dada, "es decir, el cuerpo se revela a la arquitectura estática, inorgánica, y obliga al espacio a desplegarse o a plegarse, se desborda o hace estallar su interior". 

A partir de esta práctica de autoconstrucción de los habitantes de la Habana es donde se constituye el proyecto llamado "No hay tal lugar". "La idea fue generar, a partir de las barbacoas, un proceso creativo en cadena que finalmente terminara en la calle. Para desarrollarlo pedí el permiso a los habitantes de uno de los tantos edificios de la Habana que tienen barbacoas, invité a un grupo de estudiantes de arquitectura de 5º año de la Universidad de la Habana y aun arquitecto cubano y dos arquitectos chilenos a ser parte de esta propuesta", sostuvo. 

Para Ángela Ramírez es muy interesante ver como este proyecto se materializa gracias a la generosidad de los artistas que, además, de crear las obras consignan su financiamiento. La Bienal no sería posible si no fuera por la disposición de ellos de mantenerla viva, pues cuenta con recursos muy limitados y cada vez más escasos. 

Finalmente, evaluó esta experiencia como una "gran vivencia" no sólo por la riqueza de conocer a artistas y los curadores que trabajan en la Habana, sino que también por la oportunidad de realizar una obra para un lugar específico que obliga a confrontar otra realidad, a preguntar sobre ella, investigar e interpelarla. 

"Tenía muchas dudas de participar en la Bienal, pues la Habana me parecía un lugar muy complejo, con un peso histórico político que a todos nos marcó. Ver la utopía en ese estado de vulnerabilidad me pareció un lugar difícil de abordar, pensé que necesitaría mucho tiempo. Pero curiosamente la obra que desarrollé en el 2010 en La Pintana, llamada el espacio del deseo - que no se ha podido construir por falta de recursos - me abrió la puerta para poder desarrollar la obra para La Habana. El espacio del deseo generó la posibilidad de elaborar No hay tal lugar", concluyó.