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Diversidad e inclusión

Emilio Rodríguez, director de la Escuela de Educación Diferencial, UC Silva Henríquez.
Emilio Rodríguez, director de la Escuela de Educación Diferencial, UC Silva Henríquez.

11/11/2015

A propósito de la Semana de la Diversidad e Inclusión, organizada por la Escuela de Educación Diferencial de la UC Silva Henríquez, realizada la última semana de octubre, tengo algunos comentarios que me gustaría compartir.

¿Qué estamos entendiendo hoy día por inclusión? Este es un concepto que en los últimos años cada quien utiliza de acuerdo a sus conveniencias. Pareciera, finalmente, que cuando nos enfrentamos a él todo vale, todo cabe, todo es posible. Si bien, surgió en el entorno educativo, actualmente es un concepto que se aplica a otros ambientes y a la comunidad en general.

Una “sociedad inclusiva” o una “sociedad para todos” se perfila como el modelo hacia el cual deben moverse los países que buscan ofrecer una vida de calidad para todos sus habitantes. Ello implica asumir la diversidad existente al interior de cada sociedad, así como el desafío de diseñar estrategias que respondan en forma comprometida a los retos que plantean las diferencias individuales en todas sus dimensiones: estatus socio-económico, raza, religión, discapacidad, marginación social, entre otros. Se trata, por lo tanto, de conciliar el principio de igualdad y diversidad, entendiendo que la igualdad se logrará en la medida que se le entregue a cada cual lo que necesite. La igualdad entendida como diversidad, como desarrollo de las potencialidades individuales, supone una apuesta decidida por una sociedad que da respuesta a la variedad.

Son por la tanto, la sociedad, los estados y autoridades, bajo un modelo abierto y flexible, son los sujetos de mayor responsabilidad a la hora de generar las medidas que hagan posible los espacios de participación plena para que todos, es decir nosotros, vosotros y ellos, tengamos garantizado el óptimo desarrollo de nuestras facultades físicas, biológicas, comunicativas, éticas, espirituales, estéticas, intelectuales y emocionales.

En materia de educación, en Chile, se viven momentos cruciales donde una vez más se pone en jaque el desafío que, por décadas, muchos países han venido enfrentando: ¿cómo hacer efectivo el derecho de  todos los niños y jóvenes, independiente de sus condiciones personales, sociales y culturales, de acceder a la educación y beneficiarse de una enseñanza de calidad adecuada a sus necesidades individuales de aprendizaje? En el caso de las escuelas, las metas siguen siendo diseñar respuestas educativas que, teniendo como base el currículo regular, sean capaces de eliminar o disminuir las barreras que ciertos estudiantes pudieran enfrentar para acceder y participar del aprendizaje a lo largo de su trayectoria escolar por distintas causas.

Crear las condiciones para el desarrollo de escuelas para todos y con todos, que garanticen una educación de calidad con equidad, implica transformaciones en los sistemas y políticas educativas, en la organización y funcionamiento de los establecimientos educacionales, en las actitudes y prácticas de los docentes, así como también en los niveles de relación de los distintos actores; es decir, supone una cultura educativa diferente.

En este sentido, Catalina Opazo, desde la Unidad de Inclusión Educativa de la División General de Educación del Ministerio de Educación (Mineduc), nos planteaba la imperiosa necesidad por avanzar hacia una reforma educativa que ponga su énfasis en la construcción de un sistema educativo inclusivo. Lo anterior supone dejar atrás, de una vez por todas,  los actuales índices de desigualdad, segregación y los bajos logros en calidad. Actualmente, enfrentamos un sistema educativo que no es justo, donde las oportunidades no son las mismas para todos, existen espacios segregados de acuerdo a las condiciones de origen de los estudiantes y no tenemos buenos resultados. Estamos frente a una reforma compleja y completa que abarca todos los niveles de la educación y exige cambios que van de lo estructural a lo propiamente educativo. No en vano, existen autores que han señalado que “se requiere estabilizar el sistema (reducir la diferencia entre aulas y escuelas y garantizar que se cumplan los estándares mínimos). Luego se avanza en gestión y en la mejora de las prácticas pedagógicas, docentes y escuelas”. (McKinsey & Co. 2010).

En el contexto de la reforma educativa, el Mineduc, convocó una Mesa Técnica de Educación Especial con el fin de recoger propuestas orientadas a una transformación sustantiva de las políticas públicas y las normativas, que genere las condiciones para garantizar una educación de calidad en igualdad de condiciones para aquellos niños y jóvenes, que por distintas causas, enfrentan mayores barreras para participar y aprender. Cynthia Duk, como integrante de esta Mesa compartió con nosotros algunas de estas orientaciones que han sido plasmadas en el documento “Orientaciones para avanzar hacia un sistema educativo inclusivo en Chile: Un aporte desde la Educación Especial” (Marzo, 2015). Quisiera destacar aquéllas que hacen relación con la Formación Inicial Docente, las cuales plantean que es necesaria una re-significación de la profesión docente y que se debe considerar a la inclusión y la educación de la diversidad como ejes transversales, con estrategias de enseñanza y evaluación tendientes a desarrollar competencias asociadas al trabajo colaborativo, la co-docencia y la planificación diversificada. No debemos olvidar que es en el seno del aprendizaje de las didácticas específicas y de los procesos de prácticas, donde se requiere intencionar una mayor comprensión de los apoyos, haciéndose necesaria la articulación, entre los equipos docentes, de la educación especial con el resto de las pedagogías.

Por lo tanto, contar con la presencia y testimonios de personas como Diego Bernaschina, artista visual; José Sepiain con su propuesta de Danza Inclusiva; y Eliana Pulquillanca, poeta mapuche, pone de manifiesto lo complejo de abrirse camino en una sociedad donde ser diferente todavía es visto como ser deficiente socialmente, es decir, valer menos que otros. Debemos avanzar hacia una visión inclusiva de la sociedad donde las diferencias de individuos y grupos se aceptan, valoran y reconocen como expresión de la heterogeneidad y riqueza humana. Por lo mismo, semanas como la vivida en la UC Silva Henríquez, permiten avivar el fuego y seguir soñando con la sociedad que queremos.

Emilio Rodríguez Macayo

Director de la Escuela de Educación Diferencial

Universidad Católica Silva Henríquez