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El poder del dinero, las virtudes del empresario y la economía de la inclusión

Bajo el lema: “Los líderes de negocios como agentes de inclusión económica y social”, la Unión Mundial de los empresarios cristianos, Uniapac, en colaboración con el Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, realizó un congreso los días 17 y 18 de noviembre en la nueva sala del Sínodo del Vaticano.

21/12/2016

Este congreso (además de ser parte de las citas anuales de las asociaciones de empresarios que adhieren a Uniapac) se enmarca también en la línea de una reunión de empresarios y economistas que tuvo lugar en julio de 2014 con la asistencia del Papa Francisco sobre “El Bien Común Global: hacia una economía más inclusiva”. En Santiago tuvimos la posibilidad de profundizar sobre este tema con un ensayo que uno de los economistas presente en esta oportunidad, el Prof. Stefano Zamagni elaboró para nosotros y que fue publicado conjuntamente con la Revista Humanitas. Hay disponibilidad de este texto para los que lo desean y puede ser enviado por correo electrónico.

Es interesante destacar que el momento más alto del congreso fue cuando el Papa Francisco, en Audiencia especial, recibió a los más de 400 participantes y manifestó que también la actividad empresarial puede ser un ‘ejercicio de la misericordia’ y puso como modelo de empresario cristiano al argentino Enrique Shaw, actualmente en proceso de beatificación del que él mismo fue promotor cuando era Arzobispo de Buenos Aires.

Ha sido interesante desde la Facultad de Ciencias Sociales de la UCSH y la Dirección de Vinculación con el Medio, participar de cerca de los intensos trabajos de este congreso para conocer el estilo y los fundamentos con los que empresarios de diferentes países se han propuesto hacer de la empresa un lugar de producción de bienes y servicios, y al mismo tiempo construir una verdadera “comunidad de personas”. El empresario que como tal, asume sus propios riesgos en el logro de cualquiera actividad productiva, es el responsable de la combinación de todos los factores de la producción, hecho de capitales, medios tecnológicos y personas.

Las intervenciones del Papa Francisco a lo largo de estos dos años, iluminan la visión de la actividad empresarial en relación a que debe ser capaz -entre otras cosas- de reconocer la globalización con el rostro del cambio de época que nos toca vivir, y seguir la advertencia que él mismo hace en el Mensaje de Cuaresma 2015 cuando se refiere al riesgo de la Globalización de la Indiferencia. En este sentido los participantes han vivido momentos de fuerte densidad emocional y de una profunda confianza en el presente y en el futuro con el testimonio de algunos de los empresarios presentes que en escenarios políticos y sociales adversos, con fe y convicción han superado momentos de dificultad, no solo manteniendo los puestos de trabajo sino logrando también aumentar la expectativas productivas de la misma empresa. También académicos y funcionarios públicos internacionales en sus intervenciones han apuntado a mirar a la empresa como un lugar para hacer efectivo el principio de la Subsidiaridad con una mirada a valorizar la diversidad de los talentos que enriquece toda comunidad de personas.

La cultura del don y de la fraternidad también ha estado muy presente, tanto en los testimonios como en la mirada de la sustentabilidad de la misma empresa que debe integrarlos cada vez más y con esto apuntar a corregir los efectos de un mercado cuando no es civil e inclusivo y por lo tanto se puede convertir en excluyente. De aquí que ha sido importante la opinión de quiénes han manifestado que el empresario no debe propender solo al bien de su propia empresa sino que al bien común. El pontífice -siempre en la audiencia- ha querido representarla como “un árbol al que se puedan subir todos, para que, a través de la discusión científica de los aspectos de la actividad empresarial, encuentren la mirada de Jesús, y de aquí resulten orientaciones eficaces para hacer que la actividad de todas sus empresas promueva siempre y eficazmente el bien común’’.

Otro momento significativo fue cuando el Papa se refirió a los tres riesgos que suele comportar la actividad empresarial: el de usar bien el dinero, el de la honestidad y el de la fraternidad.

Mirar al dinero en una lógica mercantilista, termina siendo (señala el Papa) sinónimo de poder para gobernar y no de servir. El riesgo de que una lógica de esta naturaleza se convierta en un estilo de vida, termina poniendo en peligro todos los equilibrios. Además, el uso no correcto del dinero siempre pone en riesgo la honestidad y con eso los grados de equilibrio y de cohesión social se hacen débiles, y el tejido social se pone en peligro.

Con los signos de esperanza que caracterizan al Papa Francisco ha indicado a la fraternidad, bien comprendida y aplicada, como el camino virtuoso que rompe los vicios anteriores y con eso se alimentan aquellas corrientes de solidaridad que convierten a las empresas en lugares privilegiados para el crecimiento humano y económico, y con eso otorga al trabajo humano un verdadero sentido para la realización del hombre en la libertad y en la creatividad.

Después de estos dos días intensos de reflexiones y testimonios, nos atrevemos a pensar que también para las universidades (especialmente para las áreas de la administración y economía) se ponen desafíos muy exigentes para construir una nueva cultura económica y empresarial. Nos parece interesante avanzar para integrar en los planes de estudio el conocimiento de diferentes modelos de economía y que al interior de las sociedades de mercado libre se puedan integrar empresas con fines de lucro, y con fines no lucrativos propiamente tales. No se trata solo de empresas sociales o cooperativas que tienen su trayectoria y se conocen. Hay nuevas formas de hacer empresa y modelos económicos que están naciendo tanto en el ámbito de lo estrictamente productivo o de la economía real, como en el mundo de las finanzas. Solo pensar en la banca ética, que establece con el accionista que aporta capitales y el que recurre al préstito, reglas bien claras de los ámbitos específicos de las inversiones de los capitales. Se trata de preguntarnos ¿qué fines ideales (podemos indicar con este nombre los que no son lucrativos en forma explícita) pueden ser parte también de los fines de empresas que se imponen niveles de eficacia y eficiencia en términos de la gestión, y se colocan en el mercado enfrentando la competencia?. Habrá que preguntarse sobre aspectos como la atención a la tercera edad; la marginación de jóvenes con escasa capacidad de insertarse con un oficio en el mundo de la economía, y finalmente cómo puede ser parte de la misión una empresa que no pretende fines lucrativos y sin embargo se hace cargo de un nivel de calidad de los productos y servicios que ofrece.

Las escuelas de administración y economía, especialmente de las universidades católicas tienen -a diferentes niveles- bajo la mirada futura de sus planes de formación la preocupación de acompañar a los estudiantes en una cultura de la economía de la inclusión. Un camino de esta naturaleza requiere partir del ejercicio de las virtudes sociales como antídoto para reducir los riesgos de la exclusión. Pasa por implementar en los planes de formación aspectos que se relacionan directamente con la historia del pensamiento económico humanista-cristiano y una lectura de los grandes carismas de la Iglesia con la influencia que han tenido sobre los cambios de la economía propiamente tal. Los monasterios benedictinos fueron centro de las enseñanzas del oficio además de ser lugares de contemplación. Los movimientos franciscanos y de los dominicos hacen nacer los primeros bancos de piedad para prestar a los que eran víctimas de los usureros, dinero que recogían de las colectas, y con esto permitir que se recuperasen de esta enfermedad social, que los padres de la Iglesia consideraban como una de las más terrible. Y más cerca de nosotros, las congregaciones crean escuelas y obras educativas para una enseñanza con los valores del Evangelio y con esto hacer frente a las corrientes educativas laicistas que han promovido en el campo de la economía una separación de la ética considerándola una ciencia neutra.

Sin duda que el ejemplo de empresarios realizados como tales y virtuosos en su actuar, podrán aportar a los futuros profesionales y empresarios una visión que integre el bien de la empresa con el bien común y la ética sea la brújula que oriente el quehacer de la economía y las finanzas.

En este sentido Chile tiene también algunos buenos ejemplos como el P. Hurtado que en el año 1948 estimuló a que empresarios cristianos pudiesen dar vida a una asociación como tal y con eso nació La USEC que sigue siendo activa en proponer y alimentar iniciativas para mantener vigente los valores cristianos de toda actividad empresarial. Además el mismo Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien alimentó en momento difíciles la creación de obras y empresas para crear fuentes de trabajo, en varias oportunidades se refirió al empresario como un hombre de fe que promueve la solidaridad como el camino para hacer efectiva tanto adentro de la empresa (entre los trabajadores) como afuera (en el entorno con sectores sociales que menos tienen) la participación a los efectos del crecimiento de la economía.

El Padre Alberto Hurtado y el Cardenal Silva, dos personajes en su época signos de fuerte testimonio que de una manera, aún diferentes, se hicieron cargo de las problemáticas de la exclusión y de la pobreza y con eso también aportaron luces para integrar los modelos económicos, con los caminos de la solidaridad y poder generar una más amplia inclusión. Agradecemos a USEC habernos informado sobre el congreso en Roma y haber facilitado nuestra participación, con el fin que también el mundo universitario chileno pudiese conocer las ricas enseñanzas de este espacio de reflexión, que el día 19 de noviembre concluyó con la peregrinación de todos los participantes con el cruce de la Puerta Santa que fue cerrada por el Papa dos días después.

 

Una reflexión de Aniello Gargiulo Alfaro

Representante de la Fundación Cardenal Raúl Silva Henríquez