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¿Habemus filosofía en el sistema escolar?

Pablo Solórzano M.
Pablo Solórzano M.

30/03/2017

Recuerdo haber estado en los años 90 cursando  E. Media Humanistico-Científico en un colegio Municipal de nuestro país, como hijos de la historia, donde nos traspasa como individuos quedando en los cuerpos y en generaciones. Había una asignatura de Ed. Cívica con dos horas semanales, estaba llena de contenidos nacionalistas para validar la democracia que estaba en “período de transición” hacia la instauración de un modelo económico. Así y todo, una propuesta curricular educacional denominada decreto 220, hace el ajuste para Enseñanza Media, proponiendo nuevos desafíos, primero al explicitar una teoría del aprendizaje denominada constructivismo como fuente teórica y práctica sobre el aprendizaje de los estudiantes, y segundo al incorporar conceptualmente el desarrollo valórico (Objetivos Fundamentales Transversales-OFT) que debía cruzar todo el proceso de estudio, eliminando junto con eso la nombrada asignatura. En aquella reforma, también se disminuyen las horas de clases de filosofía, y se incorpora psicología en tercero medio. 

Si bien fue una visión esperanzadora de construcción de realidad, el contexto mismo no estuvo ni preparado ni a la altura de la propuesta, debido a que todavía no llegaban a nosotros nuevos conocimientos y el contexto cultural pujaba por legitimar estructural y simbólicamente el neoliberalismo, como si la reforma hubiera sido elaborada por el  loco de Nietzsche, al decir que había llegado demasiado pronto mientras que los oídos de los hombres escuchaban otras  canciones y tonos que componían la realidad social. 

Formación para profesores llena de legitimaciones en teorías y prácticas academicistas-aunque los OFT tuvo sus técnicas pedagógicas para instaurarse, como por ejemplo, el exportado Modelo de Planificación T, exportado desde España que generó capacitaciones utilizando la propuesta de Martiniano Román Díaz- ; desempeños de profesores recreando su experiencia universitaria para legitimar prácticas disciplinarias; mundo universitario desvinculado del mundo escolar;  malas prácticas de dueños del sistema educativo, que no volcaban su interés en el lucro sino en la usura; esos, entre otros ejemplos, hacían infértil la propuesta de reforma, que finalmente se fue consumiendo a sí misma, bajo el empuje de los nuevos enfoques epistemológicos (Sobre la intersubjetividad, interculturalidad, cuestiones de género, complejidad en el conocimiento, etc.) y la toma de conciencia social de las nuevas necesidades espirituales de los chilenos. Tan radical fue el cambio en nuestra sociedad, que desde denominarnos en silencio “pueblo”, pasando por “gente”, llegamos hoy a denominarnos “ciudadanos”. 

En ese marco, recibimos hoy una propuesta de reforma curricular para 3° y 4° de Enseñanza Media que se está discutiendo. Que pareciera que es más concordante con el “espíritu de los tiempos”, quizás porque hoy más que nunca, hubo una consulta nacional respecto a una propuesta curricular. En el caso de los profesores de Filosofía, la participación del Frente Ampliado por la Filosofía hizo un trabajo excelente, al poner en tensión la necesidad de que siga estando en el currículo escolar, y a la vez, traduciendo adecuadamente el horizonte de formación y contenidos para los estudiantes chilenos, por ejemplo, los temas son: poder, conocimiento y estética. 

La propuesta curricular que se discute pone el acento en la equidad de los contenidos para todos los estudiantes, no discriminando entre los tipos de educación (Artística, Técnica Profesional o Humanístico-Científica), aunque no se nombre Nivelación de Estudios. Además la flexibilidad curricular potencia la interrelación de contenidos haciendo posible entender de manera pertinente, que el conocimiento no sea segregado sino que en la misma acción de aprender involucra una serie de competencias interconectadas que provienen de distintas disciplinas y permiten responder inquietudes contextuales. En ese sentido se potencia los aspectos emocionales, científicos, sociales y personales, destacando el pensamiento crítico como base de una educación  integral en un contexto ciudadano. 

También es destacable el guiño a la Ley 20911 (Formación Ciudadana), al proponer educación ciudadana como asignatura, que se ve reforzado por los planes de formación elaborados en los establecimientos educacionales del país. Además la integración curricular busca la incorporación de estas temáticas en todas las asignaturas, generando por tanto, un círculo virtuoso. Por último, es relevante destacar que la comunidad que se quiere lograr es la creación de un éthos democrático. Un lugar ciudadano que comience en los establecimientos educacionales y que escale a unos años más en una mejor experiencia democrática ciudadana, aunque claro que aquella al constituirse por las aspiraciones de un sociedad y de los hombres,  conlleva un demonio social para la interacción entre todos (en este sentido, se aspira porque no se tiene). Quizás ahí está la esperanza de construir una sociedad más justa, igualitaria y  participativa. 

Al terminar, una advertencia, hoy se ha discutido sobre la propuesta fundacional, estructural y curricular de la reforma, pero no sobre el alcance que tiene la incorporación de las asignaturas en la nueva matriz temporal. Si bien se acortarían la cantidad de horas para la asignatura de Filosofía en el Plan Común y se genera optatividad en el Plan Diferenciado (pudiendo no ofertarse), se presenta la alternativa que ahora estará incorporada en Educación Técnico-Profesional y en Educación Artística. Siendo así, si bien habría un deterioro curricular en la cantidad de horas, se compensarían por su ampliación en sus tres modalidades. Pensando en el mecano, las condiciones nuevas estructurales para profesores de filosofía cambiarían. Hasta ahora nadie ha hecho el cálculo, pudiendo desdecir aquello que se quiere potenciar. Por tanto, quizás el peligro está en que si bien esta reforma está en consonancia con la voz de los tiempos, su composición técnica podría atender al dicho popular “borrar con el codo lo que se escribe con la mano”, ahí está el desafío, en lo demás estamos de acuerdo, ahí debemos hoy poner nuestro cuidado.

 

Pablo Solórzano Marchant

Profesor de Filosofía

Magíster en Educación

Doctorando en Ciencias de la Educación