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Conciencia por la ciencia y ciencia para la conciencia

Justino Gómez, académico de la UCSH
Justino Gómez, académico de la UCSH

En Chile la “marcha por la ciencia” convocó adherentes no sólo en Santiago. En regiones los investigadores manifestaron creativamente sus condiciones de marginación desde Antofagasta, pasando por La Serena, Valparaíso y Concepción, entre otras, reuniendo cientos, incluso miles de adherentes en este evento global.

25/04/2017

No era exactamente el lema de la gran cantidad de marchas que este fin de semana se desarrollaron en muchas ciudades del mundo y de nuestro país, pero refleja el sentir de una gran parte de los lienzos, carteles y gritos que en ellas se pudieron ver y escuchar. El sábado recién pasado, más de 200 organizaciones científicas convocaron a los científicos  norteamericanos a manifestarse para defender el rol vital que la ciencia tiene para la vida, la salud, la seguridad, en la economía y para los gobiernos.

Chile se sumó a las más de 600 ciudades que en todo el mundo celebraron la "Marcha por la Ciencia". “Sin ciencia no hay progreso”  y  “El Chile que soñamos con ciencia es posible” fueron alguna de las expresiones que se mostraron en la calle.  

Aunque nació en EE.UU. como forma de protestar contra las políticas de Trump,  se trata de  un movimiento global que  a todos como comunidad de investigadores que problematiza la crisis científica y pone en la agenda política la necesidad de fomentar el desarrollo de las ciencias, la investigación y el estudio medioambiental.

El sentimiento de desconsideración de los hombres y mujeres de ciencia e incluso de maltrato, ha sido compartido por los manifestantes en todos los países, no solamente en Estados Unidos. No es habitual encontrar marchas de la gente de ciencia.  No es frecuente entre nosotros mezclar la ciencia con la política. Uno de nuestros clásicos,   Max Weber lo consideró  incompatible.   Sin embargo en el contexto internacional el escenario se percibe como grave desde cada uno de los países.  En Estados Unidos se reclama contra las restricciones que el presidente Trump ha impuesto al desarrollo de programas científicos.  En los países del tercer mundo  la disconformidad   se plantea contra los exiguos presupuestos permanentemente amenazados y que se deben justificar y proteger año tras año.

En Chile la “marcha por la ciencia” convocó adherentes no sólo en Santiago. En regiones los investigadores manifestaron creativamente sus condiciones de marginación desde  Antofagasta, pasando por La Serena, Valparaíso y Concepción, entre otras,  reuniendo cientos, incluso miles de adherentes en este evento global. El gesto explícito de la gente de ciencia se entiende más allá de la política. Porque para ellos menospreciar  la ciencia es pasar por el lado de lo esencial, es tener miradas miopes. El desarrollo de la ciencia tiene una mirada de largo plazo. Son las miradas que se echan de menos en nuestra política hoy.

Chile es el país con menor inversión en investigación y desarrollo (I+D) entre los 29 países de la OCDE.  En Enero de 2017, el gobierno entregó los resultados preliminares de la VI Encuesta Nacional sobre gasto y personales en I+D.  Con cifras de 2015  se mostraba que lo que se denomina “gasto” asciende a 607.408 millones de pesos  y equivale a un 0,39 del producto interno bruto. Este dato está todavía muy por debajo del promedio de la OCDE (2.38 %) , y  es 11 veces menor al líder mundial, Corea del Sur (4.29%).    Esta cifra implicó un incremento del 4,4 % respecto al año anterior y eso es un dato positivo.   Por el lado de la ejecución del gasto en I+D , en 2015 el sector Educación Superior fue el sector que más ejecutó gasto en I+D – 234,016 millones de pesos y 38.5% del total.  Eso también es positivo y yo preferiría denominarlo la mejor “inversión”.

 

Justino Gómez de Benito

Académico de Sociología de la UCSH