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Educar para la paz y el respeto a la dignidad de la persona humana

Educación y Derechos Humanos

Juan Pablo Conejeros M.
Juan Pablo Conejeros M.

Se trata de reivindicar el tema de los derechos humanos como una tarea de todos. Es decir, se trata - en primer lugar -, de rescatar el tema desde el estrecho margen ideologizante y político–militante en el que ha estado hipotecado y recluido, para abrirlo y ofrecerlo como un tema universal y cotidiano.

10/05/2017

Educar para los derechos humanos es de la esencia de la educación. El tema en cuestión no solo es actual y de gran resonancia social y política en la hora presente, sino además sustantivo para el porvenir de la convivencia humana, para el bien común de la sociedad. Ante los actuales procesos de cambios socio políticos y culturales que afectan a las comunidades, a los pueblos, a la sociedad contemporánea, se hace cada día más indispensable desarrollar lineamientos educativos y experiencias pedagógicas que permitan la inserción efectiva de la temática de los derechos humanos en el mundo escolar.

La temática de los derechos humanos en la educación es, en verdad, un mundo por crear, por impulsar y desarrollar desde la cotidianeidad de la escuela y la familia.

Los desafíos no son menores en este campo. En lo inmediato se trata de asumir un proceso de verdadera catarsis perceptiva y valorativa con respecto al tema. No es solo una cuestión de toma de conciencia. En lo sustantivo, se trata de reivindicar el tema de los derechos humanos como una tarea de todos. Es decir, se trata - en primer lugar -, de rescatar el tema desde el estrecho margen ideologizante y político–militante en el que ha estado hipotecado y recluido, para abrirlo y ofrecerlo como un tema universal y cotidiano.

En segundo lugar, se trata de profundizar la dimensión verdaderamente humana y práctica del tema. Los derechos humanos no son una cuestión retórica, puramente discursiva, teórica. Los derechos humanos, más allá de sus diversas consideraciones y argumentaciones teóricas, metafísicas y/o religiosas relativas a su naturaleza, a sus fundamentos y significado filosóficos, existen para promover y asegurar el entendimiento práctico entre los hombres, para garantizar la convivencia humana, para garantizar el respeto a la dignidad de toda persona, cualquiera sea su condición, por el solo hecho de ser tal.

En tercer lugar, se trata de transferir el tema, vale decir, transitar temáticamente desde lo político a lo educativo–pedagógico. No se trata aquí de una acción ideológico – política al estilo gramsciano, ni de una acción simplemente didáctica, es decir, de un mero proceso de transposición didáctica (Yves Chevallard) o de una acción de “recontextualización” (Bernstein), sino de resituar el tema en el ámbito escolar, se trata más bien de un proceso de apropiación cultural, en el sentido que el tema de los derechos humanos pase a formar parte de la cultura escolar. 

En cuarto lugar, se trata de abrirlo a una perspectiva teórico – epistemológica y ética, en tanto su existencia y fundamento, así como su conocimiento y desarrollo, es un problema teórico (que amerita una atención seria y profunda) y ético por cuanto los derechos humanos están inscritos en la naturaleza misma del ser humano y se desprenden de la ley natural que orienta el actuar del hombre.

Y finalmente, de lo que se trata es de redescubrir los derechos humanos en su relación intrínseca respecto de la educación, toda vez que no se puede educar (auténticamente) sin considerarlos basalmente.

La relación teórica (y práctica) entre Educación y Derechos humanos es inherente, está dada por naturaleza. No podría darse una plena y auténtica educación que no esté fundada en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana, de la excelsa, intrínseca e inalienable dignidad humana. Sin embargo, y a pesar de ello - es preciso reconocerlo -, por mucho tiempo se ha olvidado este implícito y se ha sido incapaz de deducir, de la praxis educativa, que el despliegue de esa dignidad en cada ser humano implicaba el reconocimiento de derechos y también deberes que todo Estado y, por ende, todo sistema educativo, tiene la obligación de respetar y de promover desde su cotidianeidad.

Educar en y para los derechos humanos es una misión de suyo para toda acción educativa que no puede ser eludida sin que se atente gravemente contra su propia naturaleza. Dada las actuales características culturales de la sociedad y que afectan directamente a la familia, al mundo juvenil, y por consiguiente a la escuela, el tema de los derechos humanos es percibido hoy por vastos sectores sociales como un tema relevante e insoslayable. Desde esta perspectiva, existe un amplio consenso en que la educación puede llegar a ser una herramienta eficaz, un agente de cambio fundamental para el desarrollo de una conciencia capaz de tomar una actitud de compromiso que permita promover los derechos y deberes de la persona humana.

Una política educacional con programas verticalistas y rígidos, emanados desde equipos tecnocráticos e impartidos unilateralmente por la “autoridad” de turno en el cargo, o por grupos ideológicos intransigentes en un clima de convivencia social autoritario y represivo, bien una política educacional con programas  educacionales ambiguos y laxos en materia de fines y medios, con propuestas relativistas en lo valórico y moral donde se postule en nombre de la tolerancia  y la diversidad el “todo vale”, no solo es capaz de trastocar un quehacer formativo, auténticamente libre y democrático - ofendiendo, además, la dignidad del profesor y reduciendo su tarea docente a una acción puramente funcional a un sistema -, sino sobre todo de poner en peligro la buena vida humana de la multitud.

Aprender a vivir en democracia: Ese es el desafío. Aprender a convivir, a respetar los derechos humanos: esa es la tarea. Es más, no basta con vivir bajo un régimen democrático. Es preciso asumir, desde la perspectiva educativa, desde la acción educativa escolar, un proceso de aprendizaje–enseñanza que apuntando a lo esencial de la labor genere cambios a nivel no solo conceptual, sino sobre todo conductual y valórico, actitudinal en las nuevas generaciones. Enseñar al hombre, a los niños y niñas de hoy, a las y los jóvenes del presente el respeto de los derechos humanos nos parece el desafío educativo más relevante y significativo de nuestro tiempo. Lejos de constituir un tema de coyuntura, nos parece un imperativo educativo y cultural, un requerimiento ético para encarar los desafíos del presente y del porvenir. En esta misma perspectiva, y a fortiori, la formación en y para los derechos humanos de los futuros pedagogos nos parece, desde luego, de vital importancia.

 

Juan Pablo Conejeros M.

Académico

Instituto Interdisciplinario en Pedagogía y Educación (IIPE)

Facultad de Educación