UCSH
4 de años Acreditación
Sala de Prensa

Dirección de Comunicaciones

Detalle de Opinión

La visita del Papa a Chile nos llama, congrega y activa

P. Erick Oñate Jorquera, SDB. Capellán UCSH.
P. Erick Oñate Jorquera, SDB. Capellán UCSH.

Quizá haya alguno que espere que Francisco se pronuncie sobre temas políticos. Pero, lo cierto es, que el Papa hablará desde el Evangelio y esa será la medida de todas las cosas.

28/06/2017

Como herederos del carisma de Don Bosco, para nosotros, Familia Salesiana y Universidad Católica Salesiana, la visita del Papa a Chile, ciertamente es un hito importante. No sólo porque visita nuestro país el “Padre”[1] Mayor de la Iglesia Católica, sino porque su visita se realiza en medio de una situación particular de nuestro país y su voz, es portadora de la Alegría del Evangelio.

Éstos, no son los tiempos de la visita del Papa Juan Pablo II a Chile, son los tiempos, por muy obvio que parezca, de la visita del Papa Francisco a un Chile que ha cambiado profundamente en su cultura, espiritualidad, visión y participación de la sociedad, construcción familiar y política entre otras cosas.

Quizá haya alguno que espere que Francisco se pronuncie sobre temas políticos. Pero, lo cierto es, que el Papa hablará desde el Evangelio y esa será la medida de todas las cosas. Francisco no viene como partidario de tal o cual representación política, viene como un líder religioso que quiere anunciar el Evangelio de Jesús. Evangelio que es contracultura que humaniza a una sociedad que ido perdiendo la noción de persona en relación y se ha ido cosificando bajo el sistema de capitalización de los sujetos.

Iquique, Santiago y Temuco, nos hablan de situaciones específicas y desafiantes de nuestra patria: migración, desigualdad social, violencia emergente, reconocimiento de los pueblos originarios, multiculturalidad, secularismo, pobreza, marginación, segregación social, educación, drogadicción,  prostitución, familia, ética política… entre otras cosas. El Papa, no viene a darnos una solución sobre ello; somos nosotros los que debemos responder a nuestra realidad concreta en cada lugar. El Papa viene a hablarnos del Evangelio de Jesús y ese Evangelio nos incomoda a todos porque nos hace salir de nuestra zona de confort y nos hace pasar de la preocupación a la ocupación de nuestro prójimo. El Papa nos hablará de una cultura Evangélica que es contracultura de cualquier ideología reductora de la dignidad humana. Desde este punto de vista, la visita del Papa nos incomoda porque nos hace tomar conciencia de nuestra real participación en el anuncio y vivencia del Evangelio. Ciertamente para todos los católicos, desde que ha sido anunciada la visita de Francisco, hay un antes, un durante y un después. En el antes, hay seis meses decisivos de preparación; en el durante, será para muchos un solo día y, en el después, el tiempo será el oportuno para retomar con fuerza y parresia una catolicismo que sea activo en la construcción de la vida religiosa, política y social de nuestra patria.

El Papa nos visita, ¡qué bueno que nos visite!; pero que triste sería el constatar una movilización eclesial, sólo como telón de fondo, para la construcción de un altar a la intemperie que reúna a cientos de católicos que permanecen indiferentes ante “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS 1).

Como católicos e Institución católica, la visita del Papa nos llama, congrega y activa. Es una oportunidad para salir de cierto aletargamiento en la fe, la esperanza y la caridad. Es una oportunidad para revitalizar el “Alma de Chile” que son los jóvenes, los más pobres y cuántos sufren. Es una oportunidad para salir a las periferias, quedarnos con olor a oveja y construir con ello, una patria más justa, ética, fraterna y solidaria. Es una oportunidad para que nuestra Universidad Católica, que lleva el nombre del Cardenal Silva Henríquez, reflexione y actué en verdad y, en todos los niveles, conforme a su declarada catolicidad y deje de condescender con una cultura y estilo de relaciones que en principio, nada tienen que ver, precisamente, con el Evangelio. ¿Qué le ofreceremos al Papa cuando nos visite? ¿Un libro? ¿Un compilado del Cardenal Silva? ¿Un acuerdo de colaboración? ¿Un estudio de juventud? ¿Una intervención social?... ¿No es acaso mejor, un férreo y permanente compromiso con los valores institucionales y la asimilación concreta del Sistema Preventivo de Don Bosco en favor de los jóvenes y de aquellos que son más pobres?

P. Erick Oñate Jorquera, SDB.
Capellán UCSH.



[1] El término “Papa” procede del griego “Pappas” o “Papas” y significa “papá” o “padre”.