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Visibilizar la violencia de género: Experiencia para una reflexión en comunidad

Pía Ramírez Vásquez, Profesora Instituto Interdisciplinario en Pedagogía y Educación (IIPE).
Pía Ramírez Vásquez, Profesora Instituto Interdisciplinario en Pedagogía y Educación (IIPE).

Las siguientes líneas las escribo asumiendo la responsabilidad que implica el ser Profesora de ésta casa de estudios, pero antes de ello lo hago como mujer. Una mujer cansada de ver que tanto en los diversos espacios sociales en los que me relaciono, como en los medios de comunicación, circulan con absoluta impunidad actos de violencia simbólica (Bourdieu, 2000) y violencia sexual, que constituyen actos que nos afectan a todas. Más aún, decido esbozar estas líneas, motivada por el decidido relato de una estudiante, quien narró una experiencia desagradable y absolutamente condenable, que experimentó al interior de nuestra universidad, a partir de una aparente “broma”.

01/08/2017

Paso a detallar las razones que motivan el presente escrito. Para comenzar quiero develar la importancia de que en el espacio universitario exista la posibilidad de construir un aprendizaje mutuo, sustentado en el diálogo de saberes que se producen de manera bidireccional entre estudiantes y profesores. En esta ocasión fue una estudiante quien generó un punto de inflexión y me ha llevado a reflexionar sobre la urgencia de que como comunidad universitaria consideremos éste tema. Esta  estudiante (a quien protegeré su nombre) decidió exponer ante las autoridades de la Facultad de Educación, una situación muy incómoda y violenta, que vivió en uno de los baños de “mujeres” de nuestra comunidad.

Era un día por la tarde, luego de terminar un trabajo salió de uno de los laboratorios, se dirigió al baño. Cuando se hallaba en uno de los baños de mujeres, ingresaron dos varones -no reconocibles ni como estudiantes ni como trabajadores- y deslizaron a modo de broma la siguiente frase: “Si entra una mina…la hacemos cagar”…riéndose cómplicemente. Ante tal expresión la estudiante quedó inmovilizada, sintiéndose profundamente frágil y vulnerable, pero a la vez con mucha rabia e impotencia. Por un segundo pensó salir y enfrentarlos, pero creyó que todo podría empeorar. Pensó en pedir ayuda a través de su celular, pero su cuerpo no reaccionó, permaneció paralizada. Finalmente, esperó a que estos “hombres” se retiraran para salir rápidamente del baño. Llevándose consigo una amarga sensación de fragilidad, rabia e impotencia la que perduró en ella por varios días, hasta que decidió que ésta situación no debía pasar desapercibida y debía ser conocida al menos por autoridades de la comunidad.

Ahora bien, desde el sentido común, para cualquiera que no se haya detenido en la carga de las palabras esbozadas por dichos “hombres”, y para quienes nunca hayan experimentado una situación como ésta, es posible pensar que “fue una broma”, “para qué tomárselo en serio”…o “para qué exagerar si no le pasó nada”. Pues bien, desde ahí quiero plantear la siguiente reflexión, puesto que lo que sucedió a ésta estudiante, constituye un acto de violencia sexual que creo cualquier mujer, que haya vivido algo similar podría comprender. Y creo que a cualquiera de mis colegas varones, tampoco les puede ser indiferente.

En primer lugar, resulta fundamental revisar cómo utilizamos el lenguaje y como éste configura nuestra realidad, o dicho de otra forma “las palabras que usamos no sólo revelan nuestro pensar sino que proyectan el curso de nuestro quehacer” (Maturana, 2001). Y es aquí donde quisiera invitar a quien lea estas líneas a pensar sobre la importancia que tienen las expresiones que vertimos desde el lenguaje. La carga de las expresiones dichas en un baño de mujeres a una mujer- que pudo ser trabajadora o estudiante- y que no sabemos si fueron intencionales o no, hablan de lo fácil que resulta utilizar la violencia desde el lenguaje para amedrantar a una mujer y de la pobre y limitada mirada del mundo que tienen sus emisores, ya que tal como señala Wittgenstein (2009) "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo".

En segundo lugar, es importante señalar que los varones son expertos en utilizar estas maniobras -desde el lenguaje- por efecto de su socialización de género que les inculca la creencia en la superioridad y disponibilidad sobre la mujer. Lo cual es validado por el orden social, ya que por el solo hecho de ser varones, consideran que poseen el monopolio de la razón y derivado de ello un poder moral que valida su posición. Por ello, generalmente la mujer está en principio de falta y cuando visibiliza un acto como el descrito, como un acto de violencia- tal como lo ocurrido a la estudiante-, es común escuchar comentarios como “exagera” o “estás loca” (Serra, 1993; En Bonino, 1998). Ante lo cual, como formadores, no podemos permanecer indiferentes.

A partir de lo expuesto, creo necesario proponer una reflexión en comunidad, ya que dicha frase deslizada con tanta liviandad y con supuesta gracia, es sólo la punta de un iceberg de gran magnitud. Devela cómo aquellos sujetos construidos desde el patriarcado, establecen las relaciones con nosotras y cómo en cuanto es posible, hombres sin mayor conciencia, cometen actos de violencia sexual a partir de frases como la dicha a la estudiante e intentan imponer su fuerza psicológica y amedrentar a una mujer sola, en un espacio tan íntimo y privado como el baño de mujeres.

Aunque actos de violencia como la ocurrida a la estudiante pueden parecer banales -al no constituir violencia física explícita- su importancia radica en que su uso reiterado crea un clima “tóxico” de agobio y mortificación, que sutilmente va encerrando, coartando o desestabilizando en diferentes grados la autonomía personal y la integridad psicológica de la mujer. En definitiva, se va produciendo un daño silencioso y sostenido que se agrava en el tiempo, al no ser abusos evidentes es difícil de percibirlos y oponer resistencia, por lo tanto cuando se producen se obstaculiza la posibilidad de reconocerlos (Bonino, 2004). He ahí la importancia de la denuncia de la estudiante que relata este hecho.

¿Qué podemos hacer como comunidad universitaria ante estos actos de violencia sexual? ¿Cómo iniciamos su erradicación? En conclusión, es fundamental  que mujeres y hombres de nuestra comunidad debemos estar atentos y esforzarnos por reconocer y modificar estos comportamientos, reconocer sus efectos y desenmascarar a quienes lo ejercen. Del tal forma que quienes formamos y son formados en ésta casa de estudios, junto con sus trabajadores, seamos capaces de generar estrategias de apoyo para el bienestar y crecimiento de todas las personas.

Definitivamente, es importante que generemos una reflexión colectiva que deconstruya los elementos desigualitarios de la socialización masculina asumida y en la que son criados, que perpetua la idea de que tienen una autoridad por sobre las mujeres y por tanto derechos sobre ellas. Para ello resulta fundamental un cambio de actitud hacia la igualdad y el respeto, no por beneficio único de las mujeres, sino por el sentido ético, de respeto por los derechos humanos y de justicia social, tan característico de nuestro sello institucional. Creo firmemente que en un espacio como nuestra universidad, no podemos sino condenar estas situaciones y visibilizarlas. Y es responsabilidad de todas y todos, estudiantes, trabajadores y profesores, evitar que situaciones como ésta vuelvan a suceder. Por nosotras, por las que vendrán…construyamos una universidad reflejo de una comunidad que se apoya, contiene y por sobre todo cuida a sus integrantes, donde todas y todos tenemos cabida y podemos convivir.

Pía Ramírez Vásquez

Magíster en Educación m/ Currículo y Comunidad Educativa

Profesora Instituto Interdisciplinario en Pedagogía y Educación (IIPE)

Facultad de Educación UCSH 

Referencias:

Bonino, L. (1998) Micromachismos: la violencia invisible en la pareja. Madrid.

Recuperado de: http://www.luisbonino.com/pdf/mM96.pdf

Bonino, L. (2004) Los Micromachismos. Revista Cibeles, N°2. Madrid.

Recuperado de: http://www.luisbonino.com/pdf/Los%20Micromachismos%202004.pdf

Bourdieu, P. (2000) La dominación masculina. Anagrama. Barcelona.

Maturana, H. (2001) Emociones y lenguaje en educación y política. Ediciones Dolmen. Santiago. 

Wittgenstein, L. (2009) Tractatus Logico-Philosophicus. Madrid: Alianza.